La camiseta de Levi’s: el maldito hit de 2017

By sábado, septiembre 9, 2017 1 No tags Permalink

 

De todos los hits que nos ha dado el verano, ni la riñonera bajo la axila, ni los exabruptos de Trapero, ni los cuervos enfarlopados de Juego de Tronos se acercan a semejante épica. Tan solo el fenómeno Napapijri, acaecido el invierno pasado, es ligeramente equiparable a este brote de gregarismo estético tan repentino, tan agresivo, tan universal…

Un agente altamente contagioso, de color blanco, con el logo de Levi’s en rojo cubriendo el pechamen cual mancha de kétchup patrocinada

Sabes de lo que hablo. Es la camiseta de Levi’s que llevas cuatro meses viendo en todos los rincones de tu ciudad. Un agente altamente contagioso, de color blanco, con el logo de Levi’s en rojo cubriendo el pechamen cual mancha de kétchup patrocinada; un neón de carretera que se va repitiendo una y otra vez desde que sales de casa por la mañana hasta que vuelves tajado por la noche; la misma camiseta que te has encontrado en el curso de manipulación de alimentos, en la discoteca de trap donde te haces pasar por adolescente, en tus vacaciones en Mikonos con el preparador físico de CR7… En todas partes. 

Levi’s to, no me acuerdo

Puede ser que lleves una puesta y no te hayas coscado todavía. Examínate en el espejo, porque es altamente probable que ahí esté, luciendo en tu caja torácica. Intenta recordar, cierra los ojos, rebusca en tu memoria… ¿Quién te la regaló? ¿Dónde la compraste? ¿A qué rapero menor de edad le partiste el tabique nasal con un cenicero para robársela? Hola, ¿hay alguien en casa? ¡Piensa McFly!

Nada. Imposible saber cómo ha acabado la camiseta Levi’s en tu torso. Te la han jugado otra vez. Jason Bourne meets influencerismo. Memento bloguer. Nadie sabe el origen de esta moda y nadie lo sabrá, pero lo mejor es que solo un tanto por ciento muy marginal de sus adeptos se preguntará por qué, de un día para otro, medio mundo decidió ponerse la camiseta que llevaba el otro medio, sin detectar que algo iba mal.

El millennial te dirá que la culpa es de Urban Outfitters, Mashable o de algún influencer cocainómano al que admira. El tipo gris de la oficina te dirá que esto es un contubernio judeomasónico de Levi’s, mientras se mira la punta de las Munich y comprueba si alguien se ha dejado suelto en la máquina de Nespresso. Falete abogará por ensalzar la pericia del departamento de marketing de la marca, esperando que le caigan unos shorts 501 de 70 pulgadas a modo de compensación. Todos tendrán una teoría, pero pocos acertarán y le darán la vuelta al calcetín: ¿Y si el mal (y los auténticos gilipollas) somos nosotros y no Levi’s?

¿Y si el mal (y los auténticos gilipollas) somos nosotros y no Levi’s?

Si este mensaje desde el otro lado te ha arrancado de la ensoñación, te has mirado el espejo y te has percatado de que llevas la camiseta Levi’s blanca con el logo rojo, es que has pasado todo el verano flotando en un matrix promocional sin parangón en la historia de las modas pazguatas. Es el siglo XXI hincándote una hipodérmica en la carótida, de modo que no te avergüences: la víctima podría haber sido un servidor, Paco Alcácer o la portera de Josep Lluís Núñez. Tan solo te falta superar la última fase para respirar fuera del amnios: sácate la camiseta –si se ha adherido a tu dermis de tanto llevarla, utiliza un bisturí para separarla y un litro de Stolichnaya-, rocíala con orujo en abundancia, préndele fuego y asegúrate de que arde. Asegúrate de que queda reducida a un puñado de cenizas, no sea que resucite como el traje negro de Spiderman y te pida dinero para cigarros.

La camiseta que nunca se acaba

Nadie sabe lo que ha pasado. Se podría llamar borreguismo fashion o algo así. Levi’s ha convertido a media humanidad en un gran anuncio ambulante; una campaña que no le ha costado dinero, antes al contrario, ¡la marca ha cobrado por ella! Convendría recordar que estas camisetas no las han lanzado tipos disfrazados de pierrot con tirachinas gigantes desde la terraza de un hotel. ¿Habéis visto a gente con disparadores de camisetas por la calle, derribando abuelos y estatuas humanas con su mala puntería?

No, estas camisetas se compran en la tienda de Levi’s u otras plataformas online por un precio entre 17 y 25 euros. Si llevas una, habrás pagado esos machacantes a la empresa para la que haces publicidad. Entiendo que te gastes la manutención de un año de tu hijo en un jersey Gucci y luzcas el logo de la marca a tamaño DIN A4 para que todo el mundo sepa que manejas dinero y tienes un gusto sobrehumano. Pero la camiseta de Levi’s no es un producto de lujo, no te hace más cool, de hecho está en una franja de precios asumible por muchísima gente. Pues lo han hecho: esta gente ha instalado su logo en tu pecho como una promo parasitaria que te chupa el dinero. Es tan elegante y genial que produce escalofríos.

Pero hay algo que todavía me aterra más. A diferencia del virus Napapijri, la camiseta de Levi’s se ha propagado globalmente y entre todo tipo de gente. Adolescentes, canis, pijeras, personas de mediana edad, modernos, hípsters, casados, foodies de la CUP, guardiolistas, Javier Marías… La camiseta Levi’s ha sido una de las explosiones de borreguismo fashion más transversales que recuerdo en años.

Y universales. Este verano me he ido de vacaciones a Islas Feore, unas islas del terciario donde no hemos atropellado triceratops de milagro (dato ficticio) y donde hay más ovejas que personas (dato real). Pues incluso allí, a 12 grados, en el grano más pequeño del culo del planeta, un remoto lugar donde no hay gente y la poca que hay tienen menos conversación que una tostadora, me topé con dos, no uno, DOS feroeses de pura cepa que lucían la camiseta Levi’s. Blanca y con el logo to’ rojo.

Acojona mucho, lo sé, pero hay otro dato más aterrador que os convertirá el cerebro en chutney de mango y demuestra la profundidad a la que ha penetrado esta camiseta en nuestras miserables vidas.

Nos tenemos que trasladar a otra isla, Menorca, la tierra de M. Àngels, mi novia. El profesor de tecnología del instituto de M. Àngels fue víctima no hace mucho de un bulo malicioso. Alguien esparció en las redes que el pobre diablo había muerto. Los rumores de su óbito se propagaron por la isla cosa mala. De hecho, fue tal al revuelo que el profesor tuvo que actuar y anunciar a la sociedad menorquina que seguía en nuestro plano existencial, vivito y coleando. En la foto que demostraba que el señor estaba vivo, la misma que fue enviada a todo el mundo, el profesor no aparecía con ningún periódico del día u otro elemento que le situara en el presente para desenmascarar el bulo. El tipo llevaba puesto un indicativo mucho más fiable para certificar que seguía entre nosotros, vivísimo, en el aquí y ahora más rabioso: la puta camiseta de Levi’s. Buenas noches.

 

1 comentario
  • TimDrugs
    septiembre 12, 2017

    . Entiendo que te gastes la manutención de un año de tu hijo en un jersey Gucci y luzcas el logo de la marca a tamaño DIN A4 para que todo el mundo sepa que manejas dinero.

    Fdo El que lleva Lacoste porque se lo regala la marca.

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