La llamada de Ridley

¿Como fue aquella primera llamada de Ridley Scott a Christopher Plummer?

Estoy imaginando a Plummer en su casa y no puedo evitar visualizarle en un tipo de casa de señor conservador muy adinerado, como la mayoría de personajes que ha interpretado a lo largo de su vida. No tan ostentoso como la mansión de Bruce Wayne, sino algo mas sobrio, de buen gusto viejuno. Como Berghof pero sin el punto rancio ni malvado.

Le imagino aquella mañana mirando por un enorme ventanal a sus nietos jugando en el jardín, disfrazados de tiroleses, cantando ‘Edelweiss’, y él sonriendo, porque a sus 88 años parece un hombre de esos de gran corazón que sonríen cuando ven a niños siendo felices junto a los columpios.

Suena el teléfono. Y no me refiero a un móvil, sino un teléfono con cable espiral uniendo el auricular con el recibidor, colocado en una mesita redonda de caoba, junto a un sillón de piel a un lado de una vasta chimenea encendida. Puedo oír hasta los chispazos de la leña en llamas y el tic-tac de un reloj como el de la casa de los Von Trapp.

“¿Si, dígame?”

Flashback

Horas antes, Ridley Scott se encontraba supervisando los retoques finales de la banda sonora de su ultima película, Todo El Dinero Del Mundo, en los estudios Abbey Road en Londres cuando se enteró de lo de Kevin Spacey. Durante una hora se quedó alelado, mirando al infinito, tratando de vislumbrar el tamaño del cráter que acababa de caerle encima a él y todos los involucrados en esta producción de $40 millones.

A pesar de que el estudio ya había puesto en marcha su gabinete de crisis para salvar la película de una inevitable hoguera, Ridley, el visionario, sabía que se iba a comer un marrón del tamaño de Alaska si dejaba que estrenaran la peli tal cual. A sus 80 años se ha merendado unos cuantos brownies de épicas proporciones, pero firmar una película con Kevin Spacey de protagonista le iba a traer peores pesadillas que las criticas de El Reino de los Cielos.

Firmar una película con Kevin Spacey de protagonista le iba a traer peores pesadillas que las criticas de El Reino de los Cielos

Quizás les pasa algo a los grandes creadores en momentos adversos que les hace tener ideas descabelladas, como por ejemplo, eliminar a un actor de una película rodada y volver a repetir todas sus escenas de nuevo con un actor nuevo. Técnicamente, tampoco hablamos de algo tan disparatado para un Ridley Scott, que logró mantener vivo a Oliver Reed en pantalla con ayuda digital tras fallecer durante el rodaje de Gladiator en Marruecos.

El problema era mucho mayor y no dependía de presupuestos o tecnología avanzada. ¿De qué actor podía fiarse para salvar una producción de $40 millones de un escándalo relacionado con acosos sexuales?

Siempre tuvo a Christopher Plummer en mente para hacer de Jean Paul Getty, pero los estudios quisieron a una actor con un perfil un poco más reconocible, por no mencionar uno con una edad menos frágil. Ahora que se estaban ahogando en el mar de la polémica que rodeaba a Spacey, Scott podía recuperar al actor que tuvo en mente desde el principio. Pero ¿cómo le haces la preguntita de los ¢40 millones a un señor como Christopher Plummer? Una pregunta que supongo estarán oyendo frecuentemente todos los actores cuando se sientan en un despacho como el de Ari Gold en la serie Entourage, antes de negociar caches estratosféricos para participar en taquillazos.

“¡Christopher! Ridley al habla. ¿Recuerdas aquella película sobre Getty que te propuse hace tiempo?”

“¿Ridley?”

(Se oye un resoplo sazonado con una palabra que podría sonar a “joder”, al otro lado del Atlantico)

“Si Chris, Ridley Scott. Director de Alien, el octavo pasajero, Blade Runner, Thelma y Lou… Mira. Siento molestarte un domingo, pero ya sabes que yo no paro, tío, y tengo una situación…” –

Ridley repentinamente recuerda que entre un actor y un director existe la figura de un agente que se dedica a pedir más o menos dinero. La tajada puede ser directamente proporcional a la desesperación del director.

“… Delicada. – La mente de Ridley funciona con banda ancha.

“¡Ridley Scott! repite Plummer, dándose cuenta de quien está al otro lado de la linea.

La mejor llamada que puede recibir cualquier actor del mundo es de un director…

Pasan un tercio de vida esperando junto al teléfono, ansiando esa llamada que les devolverá la gloria que se siente bajo los focos. Tanto tu vecina de catorce que empieza a hacer sus pinitos en el teatro local como el mismísimo Christopher Plummer, todos sienten mariposas en el estomago cuando suena el teléfono y contemplan durante unos instantes las posibilidades de quien puede estar al otro lado sujetando un guión que necesita ser interpretado. Una llamada de Ridley Scott, en cualquier circunstancia, supera cualquier cosa buena o mala que esté sucediendo en ese momento. El nacimiento de un hijo, ganar un pleito contra un gigante corporativo, graduarse de Harvard, el secuestro de un hijo… da igual. Si eres un comediante, suena el teléfono y al otro lado oyes la voz de Ridley Scott, el tiempo se detiene, y flotas entre nubes con olor a jazmín.

Si eres un comediante, suena el teléfono y al otro lado oyes la voz de Ridley Scott, el tiempo se detiene, y flotas entre nubes con olor a jazmín

Lo intrigante de este suceso es tratar de imaginar como se hablan entre ellos hombres de semejante edad y con toneladas de prestigio, elogios y triunfos cargados sobre sus espaldas. El respeto mutuo debe de ser asfixiante.

“¿Que tal Ridley? Un ‘buenos días’ no estaría de más, no crees?”

“Estoy en Londres, Christopher. Aquí ya se ha hecho de noche y tengo algo de prisa.”

“Te noto ansioso, Riddles. ¿En qué te puedo ayudar?”

Ridley Scott es un director que trabaja muy rápido y puedo decir por experiencia personal que es impaciente. Con catorce años trabajé de meritorio para el jefe de construcción, Roy Hamilton, en el rodaje de un anuncio para una cerveza Australiana en el desierto de Guadix en Granada, dirigido por Scott . Un día que estábamos cobijados de una repentina tormenta en un cobertizo, Scott detuvo su coche de alquiler a unos diez metros de donde estaba yo, y me preguntó algo que no fui capaz de oír por el furor de la lluvia y la distancia. Fui corriendo hacia él, super emocionado, para oírle mejor, pero siguió conduciendo hacia otra parte del rodaje antes de que pudiera acercarme lo suficiente. No oí sus palabras, pero las sentí. Toda la vida, a través de algún oscuro momento, he vivido con el calor de unas palabras que desconozco por completo flotando en mi cabeza. Las veces que la vida me ha devuelto un revés y he estado de bajón, he abierto el Cinemanía y mirando fotos de Harrison Ford, Sigourney Weaver, Russell Crowe, Matt Damon, Susan Sarandon, Brad Pitt o Harvey Keitel, he pensado para mis adentros “Yo también he trabajado con Ridley Scott.”

“¿Has visto las noticias?”

“He leído muchas noticias hoy Ridley. ¿Sabías que hay un búnker en el ártico en el que almacenan todas las especies vegetales…”

“¿Has leído lo de Kevin Spacey?”

“Pues…si Ridley. Algo he leído. Es terrible.” le dice Plummer mientras acaricia a uno de sus gatos que acaba de venir a que le de mimitos.

“Mira Chris, voy a ir directo al grano, porque no tengo ni un solo segundo para perder. ¿Tienes libres dos semanas a partir del 20 de Noviembre?”

“Tengo 88 años. ¿Donde coño crees que voy a estar dentro de veinte días si no es en mi puta casa? ¡Hur hur!”

“Vale. ¿Te acuerdas de esa idea para una peli que te conté sobre Jean Paul Getty?”

“Me acuerdo de que no me volviste a llamar y luego me enteré de que cogiste a… ¡Ah!, ya veo.”

“Así es Christopher. Tengo una película casi acabada con un actor que… bueno. En fin.”

“Vaya movida, no?”

“Chris, soy Ridley Scott, y yo no me achanto a la primera de cambio. Ya lo tengo todo pensado. Quiero volver a rodar las escenas de Kevin, contigo en el papel de Getty.”

“Aha.”

“Lo tengo que rodar todo en catorce días. Es un papelón, Chris. Está hecho a tu medida. Ya lo tenemos todo pactado con los Globos, los Oscar…vas a estar nominado hasta para los Oscar Iraníes. Lo harás fenomenal.”

“¿Pero?”

“Pero antes de que firmemos nada, necesito hacerte una pregunta muy incomoda.”

“¿En serio vas a preguntarme lo que creo que me vas a preguntar…por teléfono? ¿Sin mirarme a los ojos?”

“Maldita sea. Tienes razón. ¿Puedes reunirte conmigo mañana en Nueva York?”

“Por supuesto. Dile a tu asistente que mande un coche a recogerme. Vivo en Weston, Connecticut.”

“¿No puedes cogerte un Über? Guarda el ticket y te lo pagará mi productora.”

“No digas bobadas Ridley. Llevo muchos años en esto. Las productoras jamas pagan los taxis. Siempre se pierden los recibos y luego nadie se hace cargo.”

“Über no es un taxi, es un… ¡Bah! Que le jodan. Ya te mando un chofer.”

FIN.

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